GALDÓS Y BOTÍN

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Dicen que allá por 1620, la zona de la Cava de San Miguel y lo que hoy es la Plaza Mayor de Madrid eran un hervidero de gente de mejor  y peor calaña, que por allí recalaban en diversas actividades. Seguramente fue ese el ambiente en el que encontró Lope de Vega el perfil  de los pícaros que protagonizarían su teatro. Y más tarde, ya en el siglo XIX, este castizo barrio de Madrid sirvió de escenario  también a muchas de las novelas de Benito Pérez Galdós, hasta el punto de recibir el sobrenombre, por  parte de los historiadores, de Madrid Galdosiano.

Botín tiene el honor de aparecer en varias de las novelas del insigne escritor canario. En 1886 Galdós escribe una de sus obras más populares “Fortunata y Jacinta”,un vasto mural donde la historia, la sociedad y el perfil urbano de Madrid  sirven de escenario a un argumento que presenta a dos jóvenes mujeres, muy diferentes entre si, enamoradas de un mismo hombre. En una de sus páginas Galdós escribe:

Anoche cenó en la pastelería del Sobrino de Botín, en la calle de Cuchilleros…

Diez años más tarde vuelve a hacer referencia a Botín en otra de sus obras: “Misericordia”, novela  que junto con  “Nazarín”  muestra ciertas influencias del ruso Dostoievski.  En uno de sus capítulos el personaje de Doña Francisca Juárez pide que le suban la comida de Botín

que todo cuanto necesitase lo mandaría traer de casa de Botín. Por cierto que se le iba despertando el apetito de manjares buenos y bien condimentados… ¡Ya era tiempo, Señor! Tantos años de forzados ayunos, bien merecían que se cantara el ¡alleluya! de la resurrección. «Ea, Celedonia, ponte tu falda nueva, que vas a casa de Botín. Te apuntaré en un papelito lo que quiero, para que no te equivoques». Dicho y hecho. ¿Y qué menos había de pedir la señora, para hacer boca en aquel día fausto, que dos gallinas asadas, cuatro pescadillas fritas y un buen trozo de solomillo, con la ayuda de jamón en dulce, huevo hilado, y acompañamiento de una docena de bartolillos?… ¡Hala!”

Además, tiene lugar una elogiosa referencia a Botín en la novela de  “Torquemada y San Pedro”:

“En una y otra acera reconoció, como se reconocen caras familiares y en mucho tiempo no vistas, las tiendas que bien podrían llamarse históricas, madrileñas de pura raza: Pollerías de aves vivas, la botería con sus hinchados pellejos de muestra, el tornero, el plomista, con los cristales relucientes, como piezas de artillería en un museo militar; la célebre casa de comidas Sobrinos de Botín…”.

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